El doctor ordenó que hay que rasurarte me dice una de ellas, pero si las incisiones serán en el abdomen, es una cirugía laparoscópica no suprapúbica añado yo visiblemente alterado, eso fue lo que nos dejó encargado el doctor contestan ambas enfermeras casi al unísono, ahora échese en la cama y desvístase de inmediato (por lo visto no pierden el tiempo digo por dentro). Algo que nunca en mi vida yo mismo habría hecho, alguien más lo hizo por mí, lo único que puedo decir es que pica.
Luego de realizarme las preguntas y exámenes de rutina y una vez terminada la embarazosa rasurada, la enfermera me llevó a mi habitación, no sin antes rematar mi pudor con su pertinente comentario “vaya que eres peludo”. Lo primero que noté al ingresar fue el enorme cuadro de un crisantemo blanco, que me pareció le daba a este un aura muy positiva, extrañamente cálida y alegre. Lo admito me gustan las flores, aunque parezca algo patético y demasiado gay, ¡eso qué?, pero shhh!!! no se lo digan a nadie que quede entre nosotros, vale.Entré cerca de las once de la mañana a la clínica, aunque la cirugía estaba programada para las dos de la tarde, una vez acomodado en la habitación, procedí a cambiarme, sí, con esas batas para cirugía a través de las cuales alguien más puede apreciar cómodamente todo tu trasero, puesto que no llevan broches por detrás, pero vamos ya qué vergüenza puede uno preservar en esos momentos. Me colocaron la vía venosa, por alguna razón mis venas eran un poco débiles y reventaban antes de que si quiera pudieran perforarlas, “felizmente” a la tercera fue la vencida, tenía que serlo, ya no quedaba espacio en mi brazo para más pinchadas.
Esperé pacientemente que llegue la hora pactada, mientras tanto aprovechaba para ver en la televisión algún documental animal, sí, también me gustan los documentales, algo aburrido y “nerdy” ¿no? Transcurrido el tiempo me llevaron a la sala prequirúrgica, donde fui prácticamente obligado a orinar en una “botella” (llámese papagayo o urinario masculino para términos médicos, no sé ustedes, pero yo escucho papagayo y la primera imagen mental que tengo no es precisamente de algo plástico). Lo logré con muchísimo esfuerzo y mucha más vergüenza aún, la enfermera terminó de vestirme con la vestimenta que me faltaba para entrar de una vez a la sala quirúrgica, los únicos recuerdos que tengo de dicho lugar son lo gélido del mismo, me sentí en un frigorífico y yo con ropa tan ligera y descubierta, la sala estaba llena de aparatos de nombres desconocidos, luces en todo lugar, instrumental y personal moviéndose de aquí para allá. Me pasaron a la cama y cual bestia salvaje que podría enloquecer y atacar a alguno de los doctores allí presentes, me sujetaron débilmente las manos con unos cintos verdes, me colocaron un aparato para medir mi ritmo cardiaco, de inmediato la máquina comenzó a dar las señales de que efectivamente estaba vivo (aleluya con el “corazón muerto, pero aún contrayéndose) y aunque por un segundo dejó de sonar, ello no significaba que moría súbitamente frente a mis propios ojos o que estaba sufriendo un paro antes de si quiera haber recibido la anestesia, es solo que me picaba el brazo y es difícil rascarse con las manos sujetadas, así que tuve que morderme disimuladamente y de casualidad moví uno de los aparatos, induciendo mi propia muerte artificial por un segundo.No recuerdo ni si quiera en qué momento me anestesiaron, no recuerdo inyección alguna, ni la intubación, ni nada en absoluto, después del mencionado episodio anterior, pasé dos horas o quizás más tiempo, perdido en otra dimensión, incluso más allá de mis sueños, solo espero no se hayan aprovechado de mí en el momento más inerte de mi vida. Volví a despertar ya en mi habitación y recordé el consejo de mi madre: “una vez que despiertes no hables ni levantes la cabeza para nada”, así que tuve que retroceder unos cuantos años en mi humanidad y volver a comunicarme con señas y leves golpes a la pared o a la cama para indicar lo que necesitaba al menos por una hora, mientras los efectos de la anestesia se terminaban de esfumar, lo primero que hice fue revisarme el abdomen y localizar las cicatrices, una en el ombligo por donde entró el visor de la cámara y dos por debajo y a los costados del mismo por donde entraron los trócares, son las ventajas de la cirugía laparoscópica, pequeñas incisuras y un rápido tiempo de recuperación, ya al día siguiente de operado, estoy en casa, echado en mi cama, con poco dolor, sufrí para escribir esto completamente echado sin poder sentarme, pero ya terminé y me siento mejor = )
La canción de hoy será Better Version Of Me de Fiona Apple.
Bueno, me alegro que ya estés tan bien y hayas tenido el humor de escribir el post, que hay que tener ganas, cari, jaaja Y tampoco debes avergonzarte de que te gusten animales y pajaros, nadie al que le guste la naturaleza puede ser mala pesona...
ResponderEliminarVenga, animo, jaaj Bezos.
Que bueno q todo haya salido bien, y es cierto, no tiene nada de malo con q te gusten las flores, animales y documentales. A mí me encantan las “margaritas”, son tan bellas, creo q escribiré sobre ellas pronto. En fin, tienes q hacer de todo para q no se te inflame la herida. Un abrazo.
ResponderEliminarHey...!!! De antemano me disculpo no haber podido comentarte antes... es que desde mi escritorio no me deja entrar a tu blog, he tenido q entrar desde tu perfil... que raro...!!! Anyway, espero q ya te encuentres mejor y te recuperes pronto =)
ResponderEliminarCuidate mucho...!!!
--Un abrazo con cuidado--
Hasta pronto ^^!!!
Sí que pica cuando te rasuran (a mi me dejaron hacérmelo yo mismo pero al final igual tienen que ver). Que bueno que ya estés más estable y que todo haya salido bien.
ResponderEliminarSigue recuperándote! un abrazo! :)
Te gustan las flores? Que curioso, a mi me gustan los girasoles y los cactus, tengo ganas de comprarme un cactus chiquito para darle algo de vida a mi habitación xD
ResponderEliminarTenemos una cita en el quirófano (8) Panda es de mis años de secundaria, que 'buenos' recuerdos jajajaja.